Silencio

lunes, 22 de febrero de 2010 - Publicado por Victoria Guerra S. en 19:21

La serpiente va por el concreto, buscando silencio. Repta, huye del ruido. La gente corre al verla, se histeriza, y sigue gritando – nada que ayude a la búsqueda de paz, definitivamente.

La serpiente de pronto piensa, hey, ya va, ¿las serpientes tenemos orejas? ¿Podemos oír? ¿Influirá esto en aquella pregunta, la del árbol que cae en medio de la selva pero no hay quien atestigüe si hizo o no ruido?

Al no tener una enciclopedia a mano y tradicionalmente tampoco la capacidad de leer, la serpiente decide no serlo más, y se convierte en águila. Sí, las águilas sí tienen orejas, sólo que, como la mayoría de las aves, están escondidas: así no hay nada que suene como un corto circuito al volar contra el viento.

Siendo un águila, pudo escapar del concreto sucio y atiborrado de peatones; subió y subió, aún buscando paz. Ya no se oían las cornetas, las maldiciones de conductores, las alarmas, la música de mal gusto de los locales y de los carros.

Entonces llegó al nivel de los helicópteros, cuyas astas hacían un ruido infernal. ¿Dónde, dónde estaba el silencio? El águila seguía subiendo, desesperada.

Recordaba cuando era serpiente, serpiente salvaje, y se deslizaba por la selva calmada. Sólo las hojas sonaban a su paso, sólo ellas, como si fueran felpudos, de esos que usa la gente para limpiarse los pies antes de entrar a las casas en días de lluvia. Siempre había lluvia de todos los tipos en la selva.

Pero una mañana se despertó y se vio a sí misma en pleno concreto, frente a una vitrina de distintos tipos de cuero. Qué cosa más horrible y traumática: las botas que vendían en conjunto con las carteras no combinaban en lo absoluto.

Claro, y eso de andar comprando pieles era muy cruel, y toda esa cuestión. Pero, venga, antes crueldad que mal gusto, qué pecado.

El águila recordó de pronto que, en realidad, la selva también estaba llena de ruidos: los leones con sus demostraciones innecesarias, los osos con sus bostezos descomunales, y los loros. Esas locas endemoniadas. Siempre chillando y parloteando todo el tiempo, uf.

¿Por qué entonces no se molestaba, a pesar del ruido que había en cada rincón de la selva? Se le ocurrió de pronto: porque el silencio era ella, serpiente; y ahora, águila, podría serlo de nuevo.

Así, mientras un Boeing 737 le pasaba justo al lado, el águila decidió ser silencio y ser paz. Ni siquiera oyó la turbina que le pasó al lado, casi rozándola.

Por combustión espontánea, el águila que ya no era águila prendió en llamas. Las cenizas cayeron nuevamente en el concreto, y un momento después había ahí un pequeño pajarito, torpe, rojo.

El águila que evoluciona se convierte en fénix, para morir y renacer.

Bob entreabrió los ojos, rascándose la cabeza: otra vez se había despertado en una acera, y de nuevo no tenía idea de cómo había llegado ahí, ni dónde estaba. Moviendo los dedos, notó que entre los de su mano izquierda había una botella, probablemente de vino barato.

Suspiró. No era nada fácil ser un esquizofrénico alcohólico en la Nueva York de hoy en día.


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No sé de dónde salió, y fue escrito hace un par de meses. Entre las clases y la furia que le ha dado a todo el mundo por tumblr se me ha ido un poco la mano y dejé el blog botado; veré qué posteo de vez en cuando. La imagen, de DeviantArt, "Snake" de *eugenebuzuk.