El MI6 y las obsesiones de toda la vida

jueves, 4 de diciembre de 2014 - Publicado por Victoria Guerra S. en 21:21
Lo confieso: en cuanto a cine me emocionan muchas cosas, por distintas razones. Cuando se trata de cuestiones que eventualmente van a llegar a una sala de cine, es más fácil aún que salte como una nena cuando leo alguna noticia de casting: apenas empezaba a escribir esto y me enteré de que la gente buena y maravillosa de Marvel confirmó el rumor de que mi lagartija preferida, Benedict Cumberbatch, va a interpretar el papel de Doctor Strange.
Cabe destacar que eso me emociona muchísimo y ni siquiera he leído el cómic. Me emociona porque conozco a Benedict Cumberbatch como actor y sé de lo que es capaz (porque soy Sherlockian pura desde mi infancia, y mucho más desde que empecé a ver la serie magistral de la BBC); y me emociona porque, excepto contadas y minoritarias excepciones, todo lo que he visto del Universo Cinemático de Marvel me ha parecido poco menos que sublime.
Cosas así me emocionan a escalas generales. Me emocionan por principio, podría decir; porque es un anuncio que, como fanática del trabajo de ese actor, me parece interesantísimo. Noticias así me provocan una emoción que es, hasta cierto punto, incluso lógica.
Y luego está James Bond. Siendo extremadamente soez aunque sin exagerar ni un poquito, los anuncios de qué va a pasar con la franquicia de James Bond hacen que de plano pierda el culo de la emoción.

Como Sherlock Holmes (la primera serie de libros que leí en mi vida, a la cual le debo incluso la forma en la que pienso), James Bond es una de mis pasiones de años atrás, aunque en caso del agente 007 es algo más reciente: lo adopté en la adolescencia.
Vi todas las películas de James Bond que habían salido antes de cumplir los 20; leí tantos libros de Ian Fleming como se me atravesaron; peleé en cuanto foro de Internet conseguí cuando Barbara Broccoli se atrevió a contratar a un actor rubio (¡rubio, entre todas las cosas!) como el agente 007.
Cuando salió Casino Royale perdoné a Barbara Broccoli, después de ver cómo Daniel Craig le daba un filo a Bond que hacía falta desde que Pierce Brosnan entró en personaje en GoldenEye en 1995 y reinició el género. Cuando salió Quantum of Solace, pensé que mi esperanza había estado mal dirigida: semejante mamotreto inentendible no podía ser lo que le hacía falta al Comandante Bond.
Luego, en el 2012 salió esa película maravillosa llamada Skyfall. Como escribí por acá en su momento, Skyfall no sólo marcó el retorno de Craig a aquello que se llegó a esperar de él tras Casino Royale, sino que además le dio un giro impresionante a la franquicia: un halo de “tanto nadar para llegar a la orilla” donde se combinó ese Bond clásico y sofisticado de Sean Connery con el mundo post Guerra Fría de la era 2.0.
Tras la fiesta épica que llegó a ser Skyfall (con su maravilloso villano hacker, su Q como un chico geek obsesionado con el high-tech, su Aston Martin clásico, su rodeo de 360 grados para terminar justo donde comenzó en 1962), la siguiente película no podía ser menos que impresionante… y, tras la primera promesa, los fanáticos del género empezamos a emocionarnos con lo que viene.
Hoy, jueves 4 de diciembre de 2014, la gente que ha estado produciendo las películas de James Bond desde que salió Dr. No en 1962 (bueno, más o menos: han tenido unas cuantas disputas legales y cambios de manos desde entonces) anunció el nombre de la siguiente película de la franquicia, cuándo se estrena y quiénes son los nuevos miembros del cast.
Y con nombrar a un par de actores, prendieron el primer fósforo de lo que promete ser un estallido de fuegos artificiales.
Al elenco ya establecido (Daniel Craig como James Bond, Ralph Fiennes como M, Ben Whishaw como Q, Naomie Harris como Moneypenny) se suman varios nombres: la despampanante italiana Monica Bellucci (una mujer que es la personificación del sexo, sin duda; aunque es extraño que contraten a alguien de su edad para el papel de chica Bond), Léa Seydoux, Dave Bautista, Andrew Scott (el deliciosísimo Jim Moriarty en mi muy amada Sherlock de BBC) y, como plato principal, Christoph Waltz, el más reciente actor fetiche de Quentin Tarantino, quien ha ganado dos Oscar trabajando con el director de Pulp Fiction.
Ahora, lo que vale acerca de la nueva película.
Empiezo por el principio: el título. La película que hasta hoy se conocía como Bond 24, ahora oficialmente se llama Spectre. Es un nombre conocido para el aficionado: SPECTRE, que tradicionalmente se ha traducido al español como SPECTRA (Ejecutivo Especial para Contraespionaje, Terrorismo, Venganza y Extorsión) es la organización más malévola a la que el MI6 de Ian Fleming se enfrentó en su historia, siendo los responsables directos e indirectos de incontables actos de terrorismo durante la Guerra Fría.
Considerando que desde Casino Royale la franquicia se reinició por completo, es evidente que SPECTRE pasa a ser parte de una organización moderna; y, si tenemos en cuenta la magistral construcción del personaje de Javier Bardem y sus motivos para la maldad en Skyfall, cabe perfectamente emocionarse con lo que viene.
Ahora, tradicionalmente, SPECTRE no es una organización anónima si no que más bien tiene una cabeza bien conocida, un hombre que es más o menos la personificación del mal: un tal Ernst Stavro Blofeld. Un hombre con quien James Bond llegó a tener problemas más allá de lo profesional en el servicio de Su Majestad: Blofeld fue el responsable del asesinato de la esposa de Bond, Tracy.
Sí, señores: James Bond estuvo casado en On Her Majesty’s Secret Service, con una preciosura de mujer que hoy en día se encarga de repartir comentarios sardónicos en Westeros.
Ahora, de vuelta al punto: los que no son obsesivos con James Bond reconocerán a Blofeld el tipo calvo de la cicatriz en plena cara en el que está basado Dr. Evil en la trilogía del Austin Powers de Mike Myers.
Aunque oficialmente el personaje de Christoph Waltz se llame Oberhauser, los aficionados de la serie (y el periódico inglés The Telegraph) no podemos ocultar la esperanza de que, de hecho, sea Blofeld, la mente malévola detrás de SPECTRE.
No sería raro: ya la franquicia se ha escondido detrás de nombres falsos para introducir a un personaje conocido. En Skyfall, no se supo que la agente con quien Bond comparte la primera escena era la icónica secretaria Moneypenny hasta la última escena.
En fin: en esta época de oro del cine de cómics, igual es hermoso ver que hay tradiciones que permanecen. Aunque pueda emocionarme al enterarme de que Benedict Cumberbatch será parte de otra mitología geek más, no puedo evitarlo: mi corazón se toma batido, no revuelto.