Cómo sobrevive la comedia romántica (a pesar de sí misma)

miércoles, 1 de febrero de 2017 - Publicado por BabeDeJour en 19:54
Mi género cinematográfico preferido es la comedia romántica. Lo digo sin un gramo de sorna, pero con todo el cuidado que requiere el cantar las alabanzas de un tipo de cine inherentemente tonto: a veinte años de la era dorada de las rom-coms protagonizadas por Sandra Bullock y Julia Roberts, cuando el género ha sido exprimido hasta que bota polvo en vez de jugo, no es cool disfrutar de este tipo de cine.
Cualquier feminista que se respete se engrincha cada vez que ve a la mujer de negocios férrea poner sus intereses y su carrera de lado por El Amor. O cuando al final vuelve con el mismo tipo basura que arruinó el mayor momento de su carrera. O cuando aparecen las Manic Pixie Dream Girls, estos seres etéreos y sin contradicciones que solo existen para alimentar las fantasías emocionales y sexuales del protagonista.
Pasa que la comedia romántica, desde que Clark Gable secuestró el viaje de Claudette Colbert en It Happened One Night, está firmemente afincada en todos estos roles de género que estamos en proceso, como sociedad, de desaparecer. Durante las primeras décadas de la comedia romántica, la cosa era incluso más terrible: eran mujeres tercamente independientes y librepensadoras que solo llegaron a cumplir su función de Dama después de que llegó ese Buen Hombre que la enserió/educó, al mejor estilo de La fierecilla domada de William Shakespeare.

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Hasta Katharine Hepburn, la mujer que dijo que solo usaría falda para el funeral de Barbara Walters, llegó a caer en esa narrativa en sus películas de Guerra de los Sexos con Spencer Tracy.
De unos años para acá, la historia del chico que conoce a la chica, en la que se odian un poco a la mitad pero finalmente resuelven todos sus problemas porque eso es lo que hace El Amor, dejó de funcionar. ¿Por qué? En parte porque es una historia que depende de muchas modalidades que han quedado obsoletos en la narrativa actual, pero también en buena medida porque después de casi un siglo de comedias románticas llegas a un punto de saturación de personajes genéricos como como la Mejor Amiga Hipersexualizada y el Galán Romántico y Casi Acosador.
Entonces ¿qué sucede cuando lo mismo se ha hecho mil veces hasta el punto de agotarse? Pues lo que siempre pasa en el cine: se vuelve a crear, separando sus elementos originarios. Con el detalle de que, esta vez, la reconstrucción no está pasando en la pantalla grande sino en la chica.
Ya he perdido la cuenta de cuántas veces he hablado maravillas de una serie diciendo que es una “deconstrucción de (equis) género.” No se preocupen, yo misma me estoy oyendo cuando digo esas vainas y estoy perfectamente consciente de lo profundamente pretenciosa que sueno, pero ¿cómo hago si algunas de las mejores series de comedia que he visto en los últimos meses son, de hecho, de (y re) construcciones de sus respectivos géneros? Acá van mis tres preferidas, todas creadas por mujeres y centradas en personajes femeninos.


The Mindy Project
Hasta hace muy poco, solo conocía a Mindy Kaling como parte del elenco de The Office, serie que tengo pendiente ver desde tiempos inmemoriales, y la voz de Desagrado (Disgust) en la versión original de Inside Out. Tras leer un poco, descubrí que resulta que Mindy, aparte de actuar, produce y escribe su propio programa, además de tener un par de libros en la bibliografía.
Léase, es una de estas Mujeres Maravilla que yo quiero ser de grande. De paso, cuando estaba buscando información para escribir esto, me encontré con un artículo maravilloso que escribió para el New Yorker, donde dice: “Veo la comedia romántica como un subgénero de la ciencia ficción en donde el mundo funciona de acuerdo a reglas distintas que mi mundo humano normal.”
Esa es de las mías, gente.


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En fin, el hecho es que me acerqué al Mindy Project sin saber mucho de qué iba, y me encantó lo que conseguí: es una comedia romántica desde el punto de vista de una mujer obsesionada con las comedias románticas. Mindy Lahiri, su alter ego en la serie, es una ginecóloga y obstetra cargada con conocimiento enciclopédico de películas de Meg Ryan, pero además es una mujer profesionalmente exitosa y con la cabeza enteramente fuera de la realidad, lo cual la lleva a pasar por una lista de tipos absurdos como un abogado deportivo con problemas de adicción.
Mindy está firmemente afincada en la comedia romántica, pero al mismo tiempo cada una de sus acciones está vista desde el punto de vista de lo absurdo de sus expectativas románticas. Ahora, lo más fascinante de la serie es también lo más rompedor: Mindy, finalmente, es capaz de escogerse a sí misma y a su propia carrera, más allá de su Historia de Amor. Y eso es una novedad en el género.
EXTRA. En Vanity Fair hicieron una mini guía de gifs side-by-side de escenas de Mindy Project con momentos icónicos de You’ve Got Mail, Sleepless in Seattle, When Harry Met Sally y An Affair to Remember. La temática no es lo único que une la serie con algunas de las mejores películas del género: las imágenes también.


Jane the Virgin

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Soy una mala latinoamericana: no me gustan las telenovelas. Vi una que otra de las de los subgéneros infantil y teenager que me tocaba por edad, pero en general la forma en la que se desenvuelven las tramas de las telenovelas, con sus hijos secretos y sus amnesias, me aburre mortalmente. Ese tipo de absurdos solo se los perdono a los dramones de época británicos como Downton Abbey o a las series de Shonda Rhimes, e incluso muchas a veces me cuesta tragarme los giros de Scandal y How to Get Away with Murder.
Así que cuando me enteré de que habían hecho una versión norteamericana de Juana la Virgen, la telenovela protagonizada por Daniela Alvarado, no estaba precisamente emocionada. En su momento le di una oportunidad a Ugly Betty y la serie terminó por aburrirme a pesar de contar con America Ferrera, Vanessa Williams y Rebecca Romijn. Igual, un día se me atravesó Jane en Netflix… y me di cuenta de que no podía parar de verla.
Protagonizada por Gina Rodríguez en una actuación que le valió el Globo de Oro como Mejor Actriz en Serie de Comedia, Jane es, al principio, la historia de una virgen a la que (por error) inseminan artificialmente. Tras este suceso, llega a su vida el guapísimo futuro padre de su hijo y su familia absurda, incluyendo a su malévola esposa checa, su padre multimillonario y su madrastra narcotraficante; todos personajes que terminan teniendo muchas más capas. La serie viene también aderezada por una sarta de personajes interesantes de parte de la familia de Jane, como la abuela venezolana de que habla exclusivamente en español, la madre que la tuvo adolescente y el padre recién reencontrado… que resulta ser el protagonista de la telenovela más famosa del momento.


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Mientras Mindy es una reversión del género de la comedia romántica, Jane, siendo de hecho una comedia romántica, es una reversión de la telenovela. A través del encantadoramente egocéntrico Rogelio de la Vega vemos desde adentro el mundo de la telenovela en Miami, desde sus tramas absurdas hasta una visión deliciosa del mundo de la farándula latina - con el agregado de que Jaime Camil, el actor que interpreta al personaje, fue parte de la familia Televisa gracias a telenovelas como La Fea Más Bella.
Jane, además de ser un estudio de la telenovela y hasta de la inmersión sociocultural latinoamericana en el género, es también una historia de inmigrantes y, sobre todo, una historia de mujeres. El corazón de la serie late, sin duda, por las tres generaciones Villanueva: Jane, Xiomara (Andrea Navedo) y Alba (Ivonne Coll), mujeres de personalidades fuertes que son llevadas por sus mayores miedos y alegrías, con todo lo difícil que implica ser una familia de mujeres latinoamericana.
EXTRAS. Diría que el narrador omnisciente de Jane, con voz de Anthony Méndez, es uno de los mejores personajes de la televisión actual. Rogelio, además, es el maestro de los hashtags, con joyas como #RogelioMyBrogelio.


Crazy Ex-Girlfriend
Sucede que Crazy Ex tiene una audiencia mínima incluso en Estados Unidos, por lo que es casi imposible toparse con la serie a menos que sigas los Globos de Oro, premio que la protagonista ganó el año pasado y al que la volvieron a nominar en la última entrega.
Meses después de ver su discurso, encontré una entrevista con Seth Meyers en la que Rachel Bloom, la protagonista, habla de su teoría de que quienes comentan en YouTube siempre son hombres masturbándose de forma iracunda, y su representación terminó convirtiéndose en un chiste interno con Rafa y luego también con Pao. De ahí, decidí ver el primer episodio de Crazy Ex-Girlfriend.
Pocas cosas me han impactado tanto en tan poco tiempo. Crazy Ex-Girlfriend se ha convertido en mi nueva biblia de comedia, en una serie que no solo es una reversión de la comedia romántica sino que también lo es con el género musical. La protagonista, Rebecca Bunch, es una abogada exitosa en Manhattan que, después de encontrarse con su ex de bachillerato, decide mudarse al otro lado del país para estar con él. Con un baggage cultural cargado de películas de princesas y musicales clásicos y un baggage emocional incluyendo serios problemas de ansiedad y depresión, está convencida de que la felicidad está detrás del amor de Josh Chan, meta por la que está dispuesta a hacer cualquier cantidad de piruetas absurdas.


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Los arquetipos de comedias románticas están todos presentes en Crazy Ex: la mejor amiga y cómplice, el jefe estrafalario, el protagonista de ensueño y su respectiva novia egocéntrica que no lo aprecia y, por supuesto, el tipo sarcástico que claramente sería mejor pareja. Pero pasa que la mejor amiga (Donna Lynne Champlin) es tridimensional y tiene sus propios problemas, el jefe (Pete Gardner) está lidiando con un divorcio doloroso y con la disyuntiva de definir su sexualidad, el galán (Vincent Rodriguez III) está perdido en el limbo vocacional post adolescente mientras su novia egocéntrica (Gabrielle Ruiz) está harta de esperar que defina su vida y su relación. Y, claro, el tipo rudo y sarcástico (Santino Fontana) está lidiando con graves problemas de abandono y buscando solucionarlos de las formas más autodestructivas posibles.
Los temas que trata Crazy Ex-Girlfriend son tan variados como extrañamente funcionales como comedia, y los mejores momentos a menudo vienen por su música: cada episodio tiene de una a tres canciones originales, muchas veces escritas por la misma Bloom, que además de cantar también produce la serie y es la co-creadora. Personalmente, algunas de mis canciones preferidas se pueden describir como: una declaración de bisexualidad ("Gettin' Bi"), una feliz oda a darle una infección urinaria a tu pareja ("I Gave You a UTI") y un desglose de la figura literaria del espíritu del más allá que aparece en los sueños de los protagonistas ("Dream Ghost").
Otros géneros musicales que explora la serie incluyen rock ochentero ("Textmergency"), música de princesa de Disney ("Maybe This Dream"), pop de girl power al mejor estilo de las Spice Girls ("Friendtopia") y, por supuesto, homenajes a musicales clásicos como Gentlemen Prefer Blondes ("The Math of Love Triangles"), Les Miserables ("Flooded with Justice"), los bailes famosos de Fred Astaire y Ginger Rogers ("Settle for Me") e incluso Singin’ in the Rain ("We Tapped That Ass").
Crazy Ex-Girlfriend trata, en su núcleo, dos temas principales: el engaño cultural acerca del amor como fin último y la dificultad de lidiar con problemas mentales como ansiedad y depresión. Pero lo hace con tal naturalidad y con una comedia tan nítida y precisa que jamás se te ocurriría que va de eso.
EXTRAS. La versión comentada de la banda sonora de la primera temporada de Crazy Ex-Girlfriend está disponible en Spotify, con explicaciones de background de cada una de las canciones por los compositores de la serie (léase: Rachel, Adam Schlesinger y Jack Dolgen) y la co-creadora Aline McKenna. Escuchar el proceso creativo le da un valor agregado impresionante a la serie, y creo que me terminé de enamorar perdidamente de Rachel Bloom cuando la oí hablar de la fetichización de la tristeza femenina (“Sexy French Depression”) al comparar a Marilyn Monroe con Lindsay Lohan.
Además, Rachel Bloom creó la canción que define perfectamente lo que siento por ella y lo talentosa que es, lo cual me hace amarla un poquito más:


Hace unos meses, el Washington Post declaró que la comedia romántica había muerto, y que menos mal que lo había hecho, aunque hizo una nota de página acerca de Mindy Project y Crazy Ex-Girlfriend. Difiero citando a Rebecca Bunch: la situación tiene muchos más matices que eso. Quizá el género como lo veníamos conociendo tenía que agotarse para que llegara esto que ahora estoy viendo en televisión.
Y ahí sí: menos mal.

Feels

viernes, 2 de diciembre de 2016 - Publicado por BabeDeJour en 19:25
Buscando críticas acerca de mi obsesión más reciente, Crazy Ex-Girlfriend, me topé con una entrevista que Lena Dunham le hizo a Zadie Smith para Lenny Letter, donde la escritora inglesa nombró la serie de pronto. Acá traduzco lo que dijo:
"Vi un episodio de la sublime Crazy Ex-Girlfriend, en el que finalmente se le ocurre a la protagonista que quizá no sea la heroína de su propia historia. (Llega a esta epifanía a través de una canción). No busco ser graciosa cuando digo que pude haber escrito 5.000 palabras al respecto: realmente tuve lo que Internet llama 'muchos feels.' Eso es lo que busco en el arte: feelsFeels intelectuales, emocionales, filosóficos, religiosos y existenciales."
Por si suena como si estuviera hablando en chino, en jerga de Internet "feels" traduce a algo así como "emociones abrumadoras." En fin, pasa que después de un año y medio sin escribir una palabra en este blog y sobre la recta final de este ciclo vital de mierda que ha sido el 2016, me provocó muchos feels leer acerca de los feels de Smith, por muy guión de hermanos Nolan que suene eso.
Pasa que, si una cosa ha salvado al 2016 a pesar de sí mismo, al menos para mí, ha sido su aporte en feels de arte. Feels por Hamilton, sin duda el soundtrack de mi año, y recientemente feels por esta comedia romántica musical creada por Rachel Bloom.
Con un poco de suerte, de los feels pueden salir las mejores ideas. Con un coñazo de trabajo desde ese punto, de esas ideas puedes crear mundos.


(Esta es la canción de la que hablaba Smith, por si les interesa. Pronto escribiré algo acerca de esta serie.)



Ex Machina y el terror de mi generación

viernes, 22 de mayo de 2015 - Publicado por BabeDeJour en 18:10


He hablado antes de lo que siempre he considerado los dos esquemas opuestos de cine espacial: el enfoque de Stanley Kubrick (de 2001, en el que las fronteras de la Tierra son imposiblemente vastas y aterrorizadoras) versus el de Andrei Tarkovski (de Solyaris, ese espacio cercano que busca comunicarse con la humanidad), pero, considerando que ambas películas tienen más de cuarenta años, es lógico que hoy en día hayan otras obras a medio camino entre ambas, como la Moon de Duncan Jones.
Ahora que estamos en la Era Dorada del cine de superhéroes, me parece evidente que quien lleva la batuta de cine espacial es, con algunas excepciones como Gravity, el cine basado en cómics... pero otro subgénero del sci-fi, el futurista, está reencontrándose con las mismas raíces.

Ex Machina
La trama del debut como director de Alex Garland es fascinante: Caleb (Domhnall Gleeson), un programador que trabaja en el motor de búsqueda más importante del mundo, Bluebook, gana en un concurso la oportunidad de pasar una semana con el dueño de la empresa, Nathan (Oscar Isaac), otro programador brillante a medio camino entre Steve Jobs y un Google Dude. De entrada, Nathan tiene planes para Caleb, y después de hacerle firmar un acuerdo de confidencialidad le muestra su creación más reciente: una inteligencia artificial llamada Ava.
La misión de Caleb es la de examinador y conejillo de Indias: está encargado de diseñar una versión modificada del test Turing para determinar si las reacciones de Ava son realmente humanas.

Nathan, Caleb y Ava
Como en Her de Spike Jonze, el protagonista termina enamorándose de la inteligencia artificial, pero realmente el quid de la película la relación entre sus tres personajes, en una película que parece algo así como ciencia ficción escrita por Tennessee Williams.
Caleb es curioso y solitario, un hombre de ciencia conflictuado que se balancea entre su conocimiento intelectual y su notable capacidad para la empatía y el cariño; Ava aparece como un ser puro, la primera de su especie, con ansias de conocer su papel en la humanidad y el significado de sí misma, con una meta clara: libertad.
Pero el centro obvio de la trama es Nathan, el científico alcohólico y profundamente egocéntrico: es el Jefe/Amigo Dudoso de Caleb y el Padre/Creador de Ava; es el Dios del todo en tanto la casa/prisión donde se desarrolla toda la historia funciona gracias a él y para él – esclava sexual incluida.
Nathan es el amo de la casa, el Dr. Víctor Frankenstein... e, incluso, el Hal 9000.
Lo fascinante de Hal en 2001 es el hecho de que intenta proteger un fin último hasta el último momento, mostrando en el camino su condición de máquina al “volverse loco,” tomando pasos terribles (aunque lógicos) para conseguir su fin último: entender el monolito.
El camino de Nathan es el mismo: en su afán de crear vida, se convierte en el responsable de actos terribles incluso llegando al asesinato, y de igual forma no tiene entendimiento real de las consecuencia de sus acciones ni mucho menos siente remordimiento.
En términos humanos, Nathan es un sádico: crea seres con consciencia de sí mismos, conocimiento y emociones para luego torturarlos psicológica, emocional y sexualmente, además de negarles cualquier atisbo de libertad... pero, de nuevo, esos son términos humanos, y Nathan es prácticamente una inteligencia artificial incapaz de discernir entre bien y mal.

El test de Turing
La pregunta que mueve Ex Machina es simple: ¿qué significa ser humano? Para intentar responderla, la película dos carácteres opuestos: la sensibilidad de Caleb (la de Tarkovski) contra el ojo clínico y amoral de Nathan.
Mientras, Ava está en medio y es, en esencia, lo que uno llamaría un “alma pura” sin contagio alguno del exterior, porque ¿cómo podría contagiarse si solo ha conocido a dos seres aparte de sí misma?
Claro que Ava pasa el test de Turing, pero ¿acaso Garland estaba probando solo a Ava? Desde distintas vertientes, el guion busca entender dónde empieza la humanidad de los tres personajes y dónde termina; por mucho, el más mecánico de los tres es Nathan, el que no pasaría la prueba por la que somete a Ava; mientras, Caleb es una especie de corazón sangrante.
Ava, proyecto de humano, es tan solo lo que aprendió a ser: criada por un sociópata y sin contacto alguno con más nadie, ¿realmente puede reprochársele la forma en que actúa? Como cualquier humano antes que ella, la primera verdadera inteligencia artificial también es, como decía Ortega y Gasset, ella y sus circunstancias, y a las mismas está atada.
Como cada época tiene sus temas recurrentes, en esta era de “bebés sintéticos”  (por tomar las palabras horribles de Domenico Dolce) y avances brutales de la ciencia a cada paso, quizá uno de los leit motifs de mi generación sea la idea de perder nuestra propia humanidad a través de las máquinas de las cuales dependemos – y el terror de que eventualmente logren sentir como nosotros podríamos olvidar hacerlo.

La pregunta no es si Ava se siente o no humana sino una mucho más aterradora: ¿acaso los espectadores pasamos el test de Turing?

Cuando Agents of S.H.I.E.L.D. se convirtió en lo que debió ser desde el principio

sábado, 16 de mayo de 2015 - Publicado por BabeDeJour en 20:38

Lo confieso: soy fangirl [semi]ciega de todo lo que esté ubicado en el Universo Cinemático de Marvel, o MCU por sus siglas en inglés. Veo religiosamente cualquier material que salga del megaproyecto de Kevin Feige sin sentirme decepcionada: por años, el único producto que me pareció realmente mediocre en MCU fue Captain America: The First Avenger, y hasta esa la arreglaron con una secuela que está entre las mejores de la franquicia.
Y luego salió Agents of S.H.I.E.L.D.

Esto ya lo habíamos visto antes
La premisa sonaba espectacular: un show creado por Joss Whedon en el que el siempre genial Phil Coulson (Clark Gregg) regresaba a sus andanzas después de que Loki lo matara, liderando un grupo de gente brillante en su área y absolutamente dispareja en una nave espectacular.
Léase, una serie de ciencia ficción creada por Joss Whedon siguiendo las aventuras de un grupo de personajes extraordinarios, bajo el liderazgo de un hombre MUY cool dispuesto a hacer cualquier cosa por su equipo (con todo el porte de héroe dudoso), acompañado por una amiga de batallas pasadas perpetuamente seria y letal, aparte de algún personaje con deslices de lealtad que ponen a todo el grupo en riesgo.
¿Suena familiar? Una pista: si Agents of S.H.I.E.L.D hubiese salido de Fox, apenas hubiese durado catorce capítulos, una película y una serie de cómics.
El problema de Agents al principio fue ese: se sentía demasiado como un intento de Firefly sin tener los elementos que hicieron única a la serie protagonizada por Nathan Fillion, y sobre todo cojeando de actuaciones por debajo del estándar Whedon, excepto Gregg y Ming-Na Wen (tras dos temporadas, Chloe Bennet, prácticamente la co-protagonista, sigue siendo el elemento más débil – a pesar de que es una de las mujeres más bellas del MCU, que no se dice a la ligera de un universo que contiene a Hayley Atwell, Cobie Smulders y Scarlett Johansson).

La incomparable ambición de Kevin Feige
Agents llegaba con otra cojera: mientras el universo de Firefly es de Whedon y tiene todo el espacio para jugar con él, Agents está restringida por el proyecto de Marvel, sin poderse salir mucho de las líneas; la serie sirve a un universo mucho más grande que sí misma.
También es que fue el primer proyecto de pantalla chica en el MCU, justo después del mega éxito de Avengers, y era prácticamente imposible cubrir el mismo estándar en un proyecto infinitamente más chico; desde entonces han salido dos series más dentro del universo Marvel, Agent Carter y Daredevil, ambas brutalmente buenas por razones distintas: Peggy funciona como una gran precuela, construcción del MCU e incluso bandera feminista; mientras, Daredevil es por mucho la parte más oscura del universo cinemático, el lado más humano, violento y no apto para aparecer en imágenes de loncheras.

Ave, H.Y.D.R.A.
Ahora, la transformación de Agents hacia otra cosa empezó con Winter Soldier, claro: la serie centrada en S.H.I.E.L.D. obviamente tenía que desbaratarse en sus cimientos cuando la organización de espionaje cayó por su enemigo más antiguo. Se tuvo que reconstruir desde el principio, llegó Nick Fury (el siempre fabuloso y malhablado Samuel L. Jackson) a pegar tiros, Maria Hill (Cobie Smulders) terminó trabajando para Tony Stark y Coulson se convirtió en el director de la agencia.
Pero el hecho es que no fue hasta la segunda mitad de la temporada 2 que la serie agarró personalidad propia: se introdujeron personajes nuevos, poderes distintos, una raza completa de superhumanos... y el equipo de Coulson empezó, finalmente, a ser parte importante del universo en el que está localizado.
Estaba todo planificado: las búsquedas de orígenes de Skye, al final, nunca fueron un invento nuevo e incoherente del MCU sino más bien el principio de una de las mayores apuestas de Marvel, la raza de los Inhumanos.


Inhumanos
Los Inhumanos son descendientes de experimentaciones alienígenas en la Tierra hace millones de años; tras esto, han existido generaciones de esta especie en el planeta, cuyos poderes sólo pueden ser activados a través de un proceso llamado Terregenesis – un proceso que causa la muerte y destrucción de seres humanos sin genética Inhumana.
El que crea que esta raza nueva no tiene nada que ver con el plan maestro de Marvel no ha visto la lista de las películas que vienen: el cierre de la tercera y última Fase del MCU (última hasta ahora, en todo caso) es una película dedicada justamente a esta gente, y hay quienes creen (como la gente de Cinema Blend) que el proyecto podría ser el comienzo de una nueva ola de superhéroes para una posible Fase 4, tomando el lugar que ocuparían los X-Men si los derechos de adaptaciones cinematográficas no pertenecieran a Fox.

La relevancia del Director Phil Coulson
Para los Avengers, el hecho de que Coulson fue revivido con tecnología alienígena es absolutamente secreto; honestamente, a mí me encantaría que eventualmente se entere Tony Stark, y me fascina la idea de Robert Downey Jr. dándole una tunda de palos a Coulson y otra a Fury por mantenerlo en secreto después del trauma de la Batalla de Nueva York (a la que fue inspirado por Coulson).

En todo caso, hoy, dos temporadas después de empezada la primera serie del MCU, me alegro de haberme quedado viéndola: contrario a otros shows del género (Heroes es el ejemplo obvio, aunque Smallville tampoco se queda atrás), Agents ha ido mejorando mientras pasa el tiempo, mezclando nuevos personajes y finalmente encontrando su razón de ser, después de destrozarse y reconstruirse hasta finalmente convertirse en lo que debió ser siempre: el tronco de información base, el filtro, para todo lo que sucede con los héroes más poderosos de la Tierra.