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El ocaso de los géneros en el cine

miércoles, 15 de marzo de 2017 - Publicado por BabeDeJour en 15:26


Como pasa con todo, los géneros fílmicos tienen su ciclo de vida. La era dorada de los musicales coincidió con la de Hollywood, cuando el sistema de estudios producía películas de Fred Astaire y Ginger Rogers, de Gene Kelly o de Judy Garland como si fueran salchichas saliendo de una fábrica.
Fue una era que duró décadas, pero eventualmente cayó en decadencia: en algún momento, el boom del Technicolor y sus mundos mágicamente escapistas dejaron de atraer la misma masa de público. Tuvo que llegar Bob Fosse a darle una pizca de noir y ponerle seriedad al asunto.
La misma historia sucedió con el western.
Los géneros populares, que a menudo cuentan la historia de su época a través de metáforas o de algún estilo particular de escapismo, dependen de su momento histórico. Por lo mismo, se queman en tanto no se actualicen y se reconstruyan a sí mismos.
Ahora, si antes los géneros tardaban treinta o cuarenta años en morir, ¿qué podemos esperar de un momento como el que vivimos, en que cada película es exprimida por toda la red, de mil formas distintas?
El género del cine de superhéroes estaba destinado a durar poco: con billones de personas viendo cada película, teorizando acerca de arcos narrativos y comprando mercancía hasta la saciedad, estaba claro que el nivel de sobreexposición iba a ser mil veces más intenso que el de cualquier otro género. Los cambios de ruta iban a tener que darse más rápido.
La trilogía del Caballero Oscuro de Christopher Nolan nos entregó un Batman que es preso de su propio código ético, mientras Iron Man nos dio al superhéroe de moralidad dudosa y Guardians of the Galaxy nos entregó a una familia moderna de inadaptados. En el 2016, Deadpool le abrió el camino al antihéroe puro, al psicópata hipersexualizado cuyas acciones te toman por sorpresa.
Y este año, Logan nos trazó el principio del fin: el héroe en decadencia.


El último héroe
Logan, dirigida por James Mangold, es un western atrapado en el cuerpo de un mutante. Hugh Jackman, que cuelga las garras de Wolverine tras casi veinte años, dice que quería despedirse del personaje a la Clint Eastwood en Unforgiven. Y cómo se nota.
Tal como empezó a pasar con el western en la época en la que John Ford dirigió The Man Who Shot Liberty Valance, Logan es la historia del héroe caído y olvidado. Tras años como X-Men, Wolverine ha visto demasiado y está curtido por los muertos que tiene encima, por los años de peleas, por el veneno que literalmente lo consume desde adentro. Es un hombre sin centro y que vive en un ardid perpetuo de autodestrucción, como alguien que ya no tiene nada que perder.
La película va en paralelo con grandes del western crepuscular, particularmente Unforgiven y, sobre todo, Shane, que se convierte en una referencia diegética durante el último acto de la película. En otras palabras, es desidia pero también resarcimiento, y es frustración pero también esperanza.
Logan abre la pregunta al género entero: ¿qué pasa después? Una vez que acaban los conflictos con el gobierno, las invasiones alienígenas, los clones y las mil posibilidades estrafalarias, ¿qué queda? A final de cuentas, el gancho del cine de superhéroes no es que estos personajes puedan volar, tengan superfuerza o controlen objetos mágicos: lo que los hace magnéticos es que es posible relacionarse con ellos a pesar de todo eso.
En el cine de superhéroes hemos visto atisbos de lo que sucede en esta película: el síndrome de estrés post traumático de Tony Stark tras Avengers, los años de encierro de Bruce Wayne tras The Dark Knight. Pero a final de cuentas, fueron actitudes resarcibles: sus fallas podían ser corregidas, sus pecados lavados.
En el universo en el que se desarrolla Logan, las posibilidades de mejora se agotaron hace mucho tiempo: de entrada, la especie mutante está extinta y solo quedan Wolverine y el profesor Xavier. Logan se enfrenta a un mundo post apocalíptico en el que solo quedan los recuerdos de grandeza y la culpa de haber podido hacer más o menos.
Logan es una oda a la vejez y al irremediable paso del tiempo: en general, al tormento de los errores. Para Logan, cuyo único vínculo posible con su vida anterior es el profesor Xavier, ya esa no es una opción. Y ahí yace la genialidad de la película.

Historia
Después de una especie de holocausto, los mutantes han desaparecido del planeta, y solo quedan Wolverine, cuyo cuerpo está envenenado por décadas de adamantio; el profesor Xavier (Patrick Stewart), que sufre de demencia; y un mutante albino llamado Caliban (Stephen Merchant).
Unidos aunque emocionalmente separados por un abismo, los tres sobreviven escondidos, aunque Wolverine esté a plena vista. Mientras intenta mantenerse aislado, se topa con una niña que resulta ser su clon, Laura (Dafne Keen), genéticamente alterada para tener sus mismos poderes. En un mundo en el que los mutantes tienen que esconderse so pena de ser sujetos de experimentación científica, el único lugar donde puede crecer tranquila es en Canadá, por lo que Wolverine, Xavier y Laura hacen el camino desde Texas hasta la frontera del norte.
Jackman y Stewart llevan la película con la maestría de dos actores que no solo son excelentes, sino que además conocen sus personajes a fondo: ambos empezaron su viaje como mutantes en el 2000, y ambos lo terminan con Logan.
Durante los últimos 17 años, Jackman ha demostrado con maestría las muchas facetas de su personaje; sin importar qué tan mala fuera la película (que, venga...). En esta historia, parcialmente basada en el cómic Old Man Logan, el superhéroe de las garras es un nervio expuesto: no tiene tiempo ni para ti ni para tu mierda, y tiene cero problemas en partirte la cara a punta de arañazos si te pones fastidioso. Está harto de la vida y bordea el comportamiento suicida... y, como ha demostrado en películas como Les Miserables y The Fountain, pocos actores manejan ese rango de dolor como Jackman.
Stewart, que debe ser un mutante en la vida real porque se ve igual que cuando hizo Star Trek: The Next Generation hace treinta años, porta una fragilidad impresionante como Xavier. A los noventa años, la mente más poderosa del mundo está fallando, y la tristeza y la frustración se ven en cada mirada; quizá Xavier no recuerda todo, pero Stewart deja bien en claro que sí lo sufre.
Ahora, se sabe que Stewart y Jackman son tremendos actores, pero Dafne Keen es una revelación: en un papel que implica muchísima actuación física, silencios elocuentes y explosiones en dos idiomas distintos, la niña brilla y recuerda muchísimo a la Eleven de Millie Bobby Brown en Stranger Things. Espero que la sigamos viendo.
El resto de los personajes son importantes y a la vez no lo son: hay un mutante que termina siendo herramienta (Merchant), el estereotípico científico fascista que es aparentemente necesario en las películas de X-Men (Richard E. Grant), un secuaz acartonadamente malo que parece sacado de una película de James Bond de los sesenta (Boyd Holbrook). Mueven la trama, sí, pero a final de cuentas también son excusas para contar una historia mucho más importante: si hay una película en la que lo que importa es el viaje y no el destino, es Logan, y la cuestión es tanto metafórica como literalmente.



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Lo que X-Men da, X-Men quita
Ah, 20th Century Fox. ¿Hay algún estudio que sea tan inconstante como esa gente en cuanto a calidad en este género? Marvel Studios el más consistente, aunque tenga sus pelones; Warner tuvo las tres joyas de Nolan y desde entonces sus películas han sido constantemente mediocres; de las cinco Spider-Man de Sony, yo diría que tres son bastante buenas. Pero Fox pega una y luego la caga estrepitosamente con dos más.
Ahora venimos de Deadpool y Logan, ambas excelentes, pero es la misma gente que nos dio las películas de Fantastic Four y X-Men: The Last Stand. La nueva trilogía de X-Men es bastante decente como un todo, pero cojea bastante de vez en cuando.
Que conste que a Fox (y en parte a Jackman) le debemos la ola de superhéroes, ojo. Fue la primera de X-Men la que empezó a poner el género como algo rentable y con un guión decente, después del desastre que fue Batman & Robin. Los alumnos de Charles Xavier llegaron con el milenio y su historia le dio forma al género, agrupando buen material y grandes actores.

No nos decepciones, Fox. Terminaste el ciclo de Wolverine con una destreza magistral y nos diste el Deadpool que necesitábamos. No nos abandones ahora, que ya no podemos apoyarnos en Hugh Jackman.

Cuando Agents of S.H.I.E.L.D. se convirtió en lo que debió ser desde el principio

sábado, 16 de mayo de 2015 - Publicado por BabeDeJour en 20:38

Lo confieso: soy fangirl [semi]ciega de todo lo que esté ubicado en el Universo Cinemático de Marvel, o MCU por sus siglas en inglés. Veo religiosamente cualquier material que salga del megaproyecto de Kevin Feige sin sentirme decepcionada: por años, el único producto que me pareció realmente mediocre en MCU fue Captain America: The First Avenger, y hasta esa la arreglaron con una secuela que está entre las mejores de la franquicia.
Y luego salió Agents of S.H.I.E.L.D.

Esto ya lo habíamos visto antes
La premisa sonaba espectacular: un show creado por Joss Whedon en el que el siempre genial Phil Coulson (Clark Gregg) regresaba a sus andanzas después de que Loki lo matara, liderando un grupo de gente brillante en su área y absolutamente dispareja en una nave espectacular.
Léase, una serie de ciencia ficción creada por Joss Whedon siguiendo las aventuras de un grupo de personajes extraordinarios, bajo el liderazgo de un hombre MUY cool dispuesto a hacer cualquier cosa por su equipo (con todo el porte de héroe dudoso), acompañado por una amiga de batallas pasadas perpetuamente seria y letal, aparte de algún personaje con deslices de lealtad que ponen a todo el grupo en riesgo.
¿Suena familiar? Una pista: si Agents of S.H.I.E.L.D hubiese salido de Fox, apenas hubiese durado catorce capítulos, una película y una serie de cómics.
El problema de Agents al principio fue ese: se sentía demasiado como un intento de Firefly sin tener los elementos que hicieron única a la serie protagonizada por Nathan Fillion, y sobre todo cojeando de actuaciones por debajo del estándar Whedon, excepto Gregg y Ming-Na Wen (tras dos temporadas, Chloe Bennet, prácticamente la co-protagonista, sigue siendo el elemento más débil – a pesar de que es una de las mujeres más bellas del MCU, que no se dice a la ligera de un universo que contiene a Hayley Atwell, Cobie Smulders y Scarlett Johansson).

La incomparable ambición de Kevin Feige
Agents llegaba con otra cojera: mientras el universo de Firefly es de Whedon y tiene todo el espacio para jugar con él, Agents está restringida por el proyecto de Marvel, sin poderse salir mucho de las líneas; la serie sirve a un universo mucho más grande que sí misma.
También es que fue el primer proyecto de pantalla chica en el MCU, justo después del mega éxito de Avengers, y era prácticamente imposible cubrir el mismo estándar en un proyecto infinitamente más chico; desde entonces han salido dos series más dentro del universo Marvel, Agent Carter y Daredevil, ambas brutalmente buenas por razones distintas: Peggy funciona como una gran precuela, construcción del MCU e incluso bandera feminista; mientras, Daredevil es por mucho la parte más oscura del universo cinemático, el lado más humano, violento y no apto para aparecer en imágenes de loncheras.

Ave, H.Y.D.R.A.
Ahora, la transformación de Agents hacia otra cosa empezó con Winter Soldier, claro: la serie centrada en S.H.I.E.L.D. obviamente tenía que desbaratarse en sus cimientos cuando la organización de espionaje cayó por su enemigo más antiguo. Se tuvo que reconstruir desde el principio, llegó Nick Fury (el siempre fabuloso y malhablado Samuel L. Jackson) a pegar tiros, Maria Hill (Cobie Smulders) terminó trabajando para Tony Stark y Coulson se convirtió en el director de la agencia.
Pero el hecho es que no fue hasta la segunda mitad de la temporada 2 que la serie agarró personalidad propia: se introdujeron personajes nuevos, poderes distintos, una raza completa de superhumanos... y el equipo de Coulson empezó, finalmente, a ser parte importante del universo en el que está localizado.
Estaba todo planificado: las búsquedas de orígenes de Skye, al final, nunca fueron un invento nuevo e incoherente del MCU sino más bien el principio de una de las mayores apuestas de Marvel, la raza de los Inhumanos.


Inhumanos
Los Inhumanos son descendientes de experimentaciones alienígenas en la Tierra hace millones de años; tras esto, han existido generaciones de esta especie en el planeta, cuyos poderes sólo pueden ser activados a través de un proceso llamado Terregenesis – un proceso que causa la muerte y destrucción de seres humanos sin genética Inhumana.
El que crea que esta raza nueva no tiene nada que ver con el plan maestro de Marvel no ha visto la lista de las películas que vienen: el cierre de la tercera y última Fase del MCU (última hasta ahora, en todo caso) es una película dedicada justamente a esta gente, y hay quienes creen (como la gente de Cinema Blend) que el proyecto podría ser el comienzo de una nueva ola de superhéroes para una posible Fase 4, tomando el lugar que ocuparían los X-Men si los derechos de adaptaciones cinematográficas no pertenecieran a Fox.

La relevancia del Director Phil Coulson
Para los Avengers, el hecho de que Coulson fue revivido con tecnología alienígena es absolutamente secreto; honestamente, a mí me encantaría que eventualmente se entere Tony Stark, y me fascina la idea de Robert Downey Jr. dándole una tunda de palos a Coulson y otra a Fury por mantenerlo en secreto después del trauma de la Batalla de Nueva York (a la que fue inspirado por Coulson).

En todo caso, hoy, dos temporadas después de empezada la primera serie del MCU, me alegro de haberme quedado viéndola: contrario a otros shows del género (Heroes es el ejemplo obvio, aunque Smallville tampoco se queda atrás), Agents ha ido mejorando mientras pasa el tiempo, mezclando nuevos personajes y finalmente encontrando su razón de ser, después de destrozarse y reconstruirse hasta finalmente convertirse en lo que debió ser siempre: el tronco de información base, el filtro, para todo lo que sucede con los héroes más poderosos de la Tierra.