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Moonlight, Master of None y diversidad

miércoles, 1 de marzo de 2017 - Publicado por BabeDeJour en 16:55
El día que subí el post acerca de las comedias románticas en la televisión, mi amiga Ana Cristina comentó en Facebook que le encantaba la ola de nuevas voces, con muchas mujeres detrás de proyectos creativos. Concuerdo: en realidad, en los últimos meses he intentado enfocarme un poco en ver y leer más de autoras. Hace años que vengo siguiendo Girls de HBO desde hace años (aunque mis sentimientos encontrados acerca de Lena Dunham dan para un post completo), y además de mi reciente obsesión por Crazy Ex-Girlfriend, veo dos de los shows Shonda Rhimes, y hace poco me enganché con la serie de fantasía y ciencia ficción de Netflix, The OA.
Me encanta ver tantas mujeres brillantes dejando su marca en los medios, pero a final de cuentas lo que sucede en la mente de la mitad de la población mundial no es exactamente opinión minoritaria, por mucho que haya costado llegar a este punto. Ahora, sin duda me parece fascinante ser testigo de experiencias de vida radicalmente distintas a la mía, tanto en cine como en televisión.
Originalmente este post iba a centrarse en dos episodios que me parece que son clases maestras de guión: “Hope” de la segunda temporada de black-ish, y “Indians on TV” de la primera temporada de Master of None. Pero después de los Oscar el domingo pasado y la enorme cantidad de gente que he visto en redes quejándose de que Moonlight ganó Mejor Película solo por ser una historia “de negros,” me pareció conveniente hablar de una serie y una película, para llegar al punto que me interesa.

Cine




Moonlight, co-protagonista del momento más confuso en los 89 años de historia del premio de la Academia de Artes y Ciencias Cinematográficas y ganadora del más alto galardón de la noche, definitivamente es una película “importante” en el sentido más actual de la palabra: es la vida de un chico negro y gay que crece en pobreza y con una madre adicta. Pero eso es solo la punta del iceberg.
Por sobre todas las cosas, Moonlight es una obra de arte. Cuenta con algunas de las actuaciones más impresionantes de los últimos años (Naomie Harris es volcánica, Mahershala Ali descoloca), fotografía de ensueño, dirección y edición regias y un guión que, además de ser hermoso, derrocha una serie de personajes bien construidos, sobre todo en cuanto al viaje de su protagonista, Chiron, en una historia basada en la infancia del director Barry Jenkins.
A nivel de narrativa, Moonlight trata de la búsqueda de la identidad propia, de vivir una realidad externa completamente distinta a las exigencias de tu ambiente. Es una historia acerca de la necesidad de contacto y conexión, y de los atisbos de amor en los lugares más inesperados. Es, en fin, un estudio de autodescubrimiento; uno que es un trabajo en proceso, además, porque el viaje narrativo de Chiron no concluye con ninguna gran epifanía en cuanto al ser interior versus el que proyecta.
Desde el punto de vista artístico, Moonlight es una clase de guión, de cómo la cámara también está contando la historia, además de lo que puede aportar la música al viaje de un personaje. Rafa escribió acerca de la película con la extensión que se merece y en ScreenPrism (mi nuevo canal preferido de YouTube) hicieron un análisis corto y brillante acerca de la simbología y la técnica detrás de la peli.
Aunque no dudo que las políticas de la época en la que vivimos ayudaron a que Moonlight tuviera suficiente visibilidad para ganar Mejor Película en los Oscar, la razón en la que queda estampada en los libros de historia del cine es que es un film maravilloso, que sí, se adentra profundamente en la vida de un personaje que es minoría entre minorías. Pero ¿cuántas historias en el cine tratan de personajes o situaciones especiales, o al menos contadas de forma extraordinaria?

Televisión


En los meses que siguieron a la controversia de los #OscarSoWhite del año pasado, las otras dos grandes premiaciones del mundo del espectáculo norteamericano se lucieron en diversidad, con Broadway dándole 11 Tonys a Hamilton y los Emmy reconociendo a gente como Courtney B. Vance y Regina King. Entre la gente que se llevó el premio de la Academia de la Televisión en el 2016 estuvo, quizá sorprendentemente para algunos, Aziz Ansari, que compartió un Emmy con Alan Yang por el guión del segundo episodio de Master of None, “Parents.”
Master of None, en general, es una serie bastante amplia: trata en parte de la experiencia del hijo de inmigrantes, pero también de la dificultad de definición de una generación, además de adentrarse en las relaciones románticas e, incluso, en cómo los medios se han cagado en la imagen de la cultura india durante décadas.
“Parents” en particular, escrito sin duda desde la experiencia personal de Ansari y Yang, es un episodio con una historia simple: dos hijos de inmigrantes asiáticos saber más de la historia de sus padres. Dev y Brian (Ansari y Kelvin Yu), invitan a sus padres cenar en conjunto, donde se enteran de detalles inéditos.
Por ejemplo, en su niñez en India, el papá de Dev (interpretado en su forma adulta por el padre de Ansari, Shoukath) soñaba con una guitarra que nunca pudo tener por falta de dinero; cuando de adulto le regaló una a su hijo, el pequeño la miró por dos minutos y luego siguió jugando en la computadora. A su vez, el papá de Brian tuvo que matar a su mascota, un pollo, porque estaba destinado a ser la cena de la familia; años después, su hijo no se quiere quedar diez minutos más con él porque va al cine y quiere responder las preguntas antes de la película.
El episodio juega muchísimo con la yuxtaposición de experiencias, comparando la juventud dura del inmigrante y su búsqueda de una mejor vida con la situación mucho más privilegiada del norteamericano de primera generación, que tiene una serie de prioridades completamente distintas y claramente más triviales.
Como con Moonlight, “Parents” no llega a ninguna gran conclusión: después de que Dev y Brian conocen más del difícil pasado de sus padres, se aburren rápidamente cuando los mayores hacen un grupo de mensajería instantánea. La historia es un slice de algo mucho más grande.

Historias
Acá está el punto al que quiero llegar: el arte se supone que es reflejo y exaltación de la vida y hay tantas narrativas de la sociedad como miembros que la conforman. En el ghetto también hay grandes historias y cuentacuentos, así como las hay en las minucias de los hijos de inmigrantes asiáticos o latinos (Jane the Virgin trata muchísimo ese tema), al igual que en la clase obrera e incluso en los estratos más altos.
La diversidad en los medios no es un tema de quién es más importante que otro, o un tema de lucha de clases o etnicidades. Sin duda hay que aplaudir cómo la exposición a historias alternas de comunidades más pequeñas le habla a grupos que quizá no se han sentido identificados en el cine y la televisión tradicionales. Personalmente, admito que tengo razones mucho más egoístas para agradecer la nueva ola de diversidad: me gustan los personajes bien construidos y las buenas historias y ser partícipe, al menos desde un huequito, de tantas realidades como me sea posible.
Pasa que cuando se abren plataformas para darle visibilidad a autores como Barry Jenkins y Aziz Ansari, que traen a la cultura popular no solo talento sino también experiencias distintas, el visor se expande. Claro, las voces variadas han existido siempre, pero que estén en grandes plataformas significa exaltar rincones de la sociedad que no tienen el mismo eco y cuyo arte puede llegar a ser tan o más impresionante que lo que venimos viendo.
La búsqueda de la diversidad no viene de un lugar de imposición de culpas: el arte también es una forma de oír lo que dice el otro, sea hermoso o terrible. En una época en la que nos hundimos cada vez más en cámaras de eco, ¿por qué no habríamos de celebrar que se oigan más voces en la multitud?

Indignación y esperanza: nominaciones a los 86vos Oscar

jueves, 16 de enero de 2014 - Publicado por BabeDeJour en 13:31
Hemos llegado a la época más indignante del año (excepto cuando hay elecciones, juasjuas): ¡la de las nominaciones y premios de la Academia! En esta entrega, en Pop Distópico les traigo indignación por:
- Christian Bale es nominado, en un año férreo en la categoría de Mejor Actor, por una actuación mediocre e ininspirada, sólo por ser él y por estar en una película de David O. Russell (quien rápidamente se convierte en el hombre más sobrevaluado de Hollywood). Por él queda fuera Joaquin Phoenix en una gran actuación, aunque al menos entró Di Caprio (y la actuación que ha hecho más ruido de Tom Hanks en años también queda por fuera), el nuevo eterno perdedor de la Academia.
- Meryl Streep se lleva la nominación que le correspondía a Emma Thompson (o a Kate Winslet) por una película a la que le fue terrible en la crítica, incluso su propia actuación – pero porque es Meryl Streep, es nominada por default.
- El guión de Gravity no está nominado, mientras los de Dallas Buyers Club (mediocre) y American Hustle (sin cohesión en una película que parece más un ejercicio actoral que cualquier otra cosa) sí lo están. Ridículo. La estructura de Gravity, con todo su manejo de metáfora merecía, al menos, el reconocimiento de la nominación - aunque creo que este año esa categoría le pertenece, merecidamente, a Her de Spike Jonze.
Este año tenemos nominadas algunos de los mayores clichés de gustos de la Academia: transformaciones actorales impresionantes (todos sabemos que la base de una buena actuación es subir y bajar de peso hasta desarrollar enfermedades absurdas – hola, Jared Leto diagnosticado con gota, es contigo), películas sobre minorías, culpa blanca, escándalos políticos, Meryl Streeps.
Más allá de todos los clichés (no necesariamente malos – 12 Years a Slave es una gran película), dos películas en particular brillan por traer propuestas nuevas: Gravity de Alfonso Cuarón y Her de Spike Jonze. La primera, una épica espacial (todo lo que podría decir al respecto lo expresó mejor mi media naranja, pásense con confianza por su blog) al mejor estilo de 2001: A Space Odyssey pero con todo el corazón que Kubrick no tuvo nunca; la segunda, un estudio de la soledad y su patetismo en un “futuro no muy lejano”, en el que la tecnología logra abarcar (con todas las nuances de nuestra especie) el contacto humano.
Se tratan ambas de cine puramente del siglo XXI, películas que dependen de la tecnología tanto para hacerse como para que se mueva su historia (Gravity es la única película, por ahora, que ha usado el 3D post Avatar como herramienta y no sólo porque se ve bonito). Acaso las dos sean la puerta a un nuevo camino de invención en el séptimo arte: un “por acá es que van a ir los tiros de ahora en adelante”, digamos.
Un rayito de esperanza para la inventiva hollywoodense, ponte tú.
Por ahora, ha empezado el conteo: falta un mes para la ceremonia con la que más me indigno, pero que sin embargo veo religiosamente y activamente busco razones para indignarme y molestarme con ella.

Y bueno, con su permiso, todas esas películas nominadas no se van a ver solas. Let the games begin!

And the Oscar goes to...

sábado, 26 de febrero de 2011 - Publicado por BabeDeJour en 18:12

A poco más de veinticuatro horas de la ceremonia más importante del año – bueno, de mi año, ya que los premios de música no me interesan y los Nobel mucho menos -, Hollywood se hace los últimos retoques pre-show: las llamadas de última hora a los diseñadores porque alguien está embarazada (o sólo gorda) y ya no cabe en su vestido; los ensayos frente al espejo, se ponen correctamente las cámaras en el Teatro Kodak (siempre teniendo en cuenta la que está preparada, en cada ceremonia, para filmar cada reacción de Jack Nicholson), en las mansiones de Beverly Hills ocurre el proceso de escribir el discurso que se quedará en la cartera cuando llamen a Meryl Streep así no esté nominada…

Claro que es una reunión de gente pretenciosa con delineamientos prefijados, nadie lo niega. La AMPAS (Academy of Motion Picture Arts and Sciences), igual que los representantes de buena parte de las premiaciones a nivel mundial, tiene una agenda muy politizada: la forma de ganarse un Oscar seguro, se sabe, es hacer cine liberal, izquierdoso, que le pique a alguna figura de autoridad conservadora y que se tome a sí mismo muy en serio. En cuanto a premios a actores, las constantes son precisas: a las actrices a menudo les toca afearse, llorar muchísimo y de ser posible perder a un hijo en pantalla; los actores deben gritar un poco, tener alguna discapacidad física o mental, y hacer un statement sobre un punto “importante” (igualdad sexual y racial son los más comunes). Ah, y tanto para actores como actrices: si usted interpretó un papel basado en un personaje real de cierta notoriedad y su actuación fue dirigida por alguien medianamente reconocido, usted será nominado al Oscar. Y si aplica cualquiera de las anteriores y de paso es parte de alguna minoría, o es extranjero con poco dominio del inglés, vaya preparando un discurso en el que quepa mencionar a la abuelita.

La premiación se ha vuelto un patio de juegos del play-it-safe, sí – la única categoría que se salva, y quizá por nueva, es Mejor Película Animada -, las fórmulas son muy 2+2=4, sí; pero yo soy de formación hollywoodense clásica, y por idiotas que me parezcan las plantillas de decisión de la Academia, y por muy predecible que se haya vuelto, la ceremonia me sigue pareciendo irresistible. El pensar que año tras año entran nuevos grabados a las paredes del Kodak, uniéndose a nombres como Casablanca y Amadeus, es una cuestión que me maravillará siempre.

Pero no soy una muestra representativa: los ratings de la ceremonia de los Oscar han venido en picada en los últimos años. Ya no hallan cómo subirlos: intentaron la vieja técnica de llamar a Billy Crystal a hacer el show, pero su humor ya está démodé; llamaron a Chris Rock, pero era imposible compaginar su estilo rudo con algo tan ceremonial como los premios de la Academia (yo lo detesté a muerte, por ejemplo); le dijeron a Ellen DeGeneres, pero no tenía suficiente fuerza para llevar ese escenario; se buscaron a Hugh Jackman to jazz it up, pero resulta que Broadway y Hollywood combinados no dan suficiente rating. Para el 2010 intentaron encontrar ese punto de clase con Alec Baldwin y Steve Martin, pero juntos no llegaban a un Crystal en los noventa o un Bob Hope de los cincuenta. La solución de este año es traer caras de la nueva generación, dos chicos que han probado su talento (él está nominado este año por 127 Hours) y de paso traen detrás la popularidad de la taquilla, porque él es un archienemigo de Spider-Man y ella la próxima Gatúbela: James Franco y Anne Hathaway.

La ceremonia de este año emociona por eso, para empezar… pero realmente, la posibilidad infinita dentro de la ceremonia del 2011 viene de un nominado que es tan impredecible como el Joker de Heath Ledger: Banksy, quizá el anónimo más conocido del mundo. Está nominado a Mejor Documental por Exit Through the Gift Shop, y anda en campaña, poniendo arte obsceno alrededor de Los Ángeles (¡Mickey Mouse ebrio manoseando a la modelo de una valla!) mientras se acerca la premiación. La Academia lo vetó de ir a la entrega por miedo a que suceda una escena a lo Espartaco: “¡yo soy Banksy!”, “no, ¡YO soy Banksy!” – pero quién sabe qué podría hacer ese burlón en caso de ganar un Oscar. Se lo merecería, eso sí: la película es brillante. Si gana o no ya es cuestión de morbo: ¿será que los miembros de la Academia tienen tanta curiosidad como los mortales ante qué podría hacer este artista inglés?

En cuanto a predicciones, creo que la cosa está bastante clara: la mayor parte de los premios probablemente se los lleve la británica The King’s Speech; Mejor Película, quizá Mejor Director, Mejor Actor para Colin Firth (¡aleluya, Mr. Darcy!). Mejor Actriz se lo llevará Natalie Portman por Black Swan (mi preferida entre las nominadas) y los Actores de Reparto serán Christian Bale y Melissa Leo por The Fighter. El Oscar a Mejor Película Animada irá la gente de Pixar por Toy Story 3. Guión Original quizá podría llevárselo The King’s Speech, aunque quizá se lo den a Inception como disculpa por no haberle dado más nada; y para Guión Adaptado, me huele a The Social Network, pero no apostaría al respecto. Los Oscar que son seguros al cien por ciento son los de Portman, Firth, Bale y Toy Story 3 - el premio mayor, quién sabe, capaz y se lo lleve de sorpresa True Grit o The Social Network (que lo dudo, y espero que no). Dato curioso: hay que estar pendiente con Mejor Edición, que quien gana ahí suele llevarse Mejor Película (pasó el año pasado cuando todos creían que ganaría Avatar, y The Heart Locker se llevó Edición para luego llevarse el Oscar grandote).

Ya los votos fueron contados y los sobres sellados están en una empresa de contaduría de Los Ángeles, empresa que los llevará mañana al Teatro Kodak, blindados. Tan tan taaan…

El hecho es que el Hollywood clásico murió hace rato, y ahora es que la Academia parece darse cuenta, bajándole a lo ceremonioso, incluso haciendo promos de “entrenamiento” de los anfitriones, bajo el eslogan “you’re invited”: tenemos caras nuevas que llaman a un Hollywood que necesita renovación, más las figuras del cine mundial de los últimos treinta años – con el agregado del terrorista del arte por excelencia. Veamos qué sorpresas nos llevaremos mañana.