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La dificultad del amor según Judd Apatow

martes, 28 de marzo de 2017 - Publicado por BabeDeJour en 10:53
Judd Apatow es el dueño de tu tele. Probablemente estuvo involucrado en un alto porcentaje de las películas de comedia que has visto en los últimos quince años, veinticinco si sigues el género con lupa. Ya a estas alturas debe ser percepción distorsionada, pero tengo la impresión de que cada vez que veo una película o serie de comedia, en algún lado de los créditos sale el nombre de Apatow.
El tipo estuvo tras cámaras para películas como 40 Year-Old Virgin, Anchorman, Bridesmaids y el debut de Amy Schumer en la gran pantalla, Trainwreck. En televisión también produce Girls, esa especie de sátira de HBO que celebra todo de lo que los baby boomers dicen de los millennials, y más recientemente Crashing, que la tengo como materia pendiente.
El año pasado, como primer gran proyecto con Netflix (también produjo Pee-wee’s Big Holiday), Apatow sacó Love, una serie que co-creó con Lesley Arfin y Paul Rust. Me pasó algo curioso con esta serie: cuando salió y obviamente la vi completa en menos de una semana, nadie hablaba de la serie… pero cuando Netflix sacó la segunda temporada hace un par de semanas, de repente todas las redes sociales estaban llenas de enamorados de Love.
La idea no es llamar poser a nadie ni mucho menos, pero me llama la atención porque aparentemente la serie es lo que en cine llaman un sleeper hit: una película que termina siendo exitosa a través del boca a boca, a pesar de tener poca promoción. Un ejemplo reciente es Ex Machina de Alex Garland, y pareciera ser que a Love le pasó lo mismo.
Hablo de Apatow antes de Love porque los rasgos de su material son muy reconocibles: la comedia de Apatow es incómoda, sus personajes son ansiosos, sus relaciones son rompecabezas con piezas que no terminan de encajar. Son elementos en común en su material, aunque no lo escriba; su propuesta como creador, en todas sus fases posibles, es que las relaciones son difíciles porque cada cabeza es un mundo y cada persona, un universo.
Y por eso los momentos de funcionalidad en Love se sienten un poco milagrosos.
Las relaciones requieren trabajo
En la primera temporada de Love, tanto Mickey (Gillian Jacobs) como Gus (el co-creador Paul Rust) dan un paso hacia encontrarse y luego dos hacia sabotear lo que puede convertirse en una relación. Al final de la temporada, Mickey le confiesa a Gus que está lidiando con problemas de adicción a sustancias y relaciones, y que cree que debe estar sola por un tiempo… a lo que Gus obviamente responde besándola.
En la segunda temporada, los desaciertos continúan. La primera mitad es un poco idílica, como cualquier inicio de relación, hasta que empiezan a aparecer los lados autodestructivos de cada uno: las inseguridades de Gus, las adicciones de Mickey. Una vez la armonía queda coja, el balance entre ellos se siente como un logro extraordinario, y los momentos de conexión son impresionantes en tanto se nota el trabajo que conllevan.
En la primera parte de la temporada, Mickey y Gus están casi completamente solos; la intimidad de estar solos fundamenta mucho de su relación, solo con la roommate de Mickey, Bertie (Claudia O'Doherty), como posible cómplice. Es durante los momentos en que están rodeados de gente que surgen las dudas, los bajones; su relación es una burbuja y tiene la misma estabilidad de una.
No cabe duda de que Mickey y Gus son un desastre en espera, pero cuando funcionan, lo que mejor los describe es el hashtag #RelationshipGoals: sus locuras se complementan. Como espectador, quieres que la relación funcione… pero, si alguno de ellos fuese tu amigo, es muy probable que le dirías que el momento no es este, que necesita tiempo, que va a estrellarse si sigue en este plan.
Para alivio constante, los personajes de ficción no son amigos de uno, así que está bien sentarse cómodamente y ver el desastre potencial y literal de sus vidas.
En paralelo a Mickey y Gus, hay otra relación autodestructiva que se desarrolla durante la segunda temporada de Love: la de Bertie y Randy (Mike Mitchell). Mientras Mickey busca mejorar a través de su relación con Gus, Bertie forma una relación con el primer tipo con el que se junta al llegar de Australia, alguien con quien claramente no comparte… pues, nada, la verdad. El tratamiento de la relación es mucho más sutil, pero también habla de una particular autodestructiva en la búsqueda de pareja: conformarse con menos. Me recordó muchísimo al primer número musical de Greg en Crazy Ex-Girlfriend, “Settle for Me.”
Entre ambas relaciones, se vislumbra un poco una tendencia a la introspección en la comedia actual, particularmente en televisión: los personajes se autosabotean y lo saben, no son víctimas de situaciones extrañas fuera de sí mismos.

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El género perfecto
Llamar “comedia” a Love es una exageración, sin duda, pero también lo sería llamarla un drama; como muchas series excelentes en este momento, se balancea en ese género mal llamado dramedia. Género que, personalmente, me parece el más adecuado para mostrar la dinámica entre personajes, por una razón muy sencilla: ¿qué relación interpersonal es exclusivamente dramática o exclusivamente cómica?
Mientras la primera temporada de Love nos presenta a dos personas como piezas de un rompecabezas, la segunda se adentra realmente en cómo es el principio de una relación, solo que sumándole el elemento de que la mitad de la pareja tiene problemas de adicción.  
Es una serie encantadora en tanto se reconozca que también es una historia frustrante con personajes profundamente complejos y a menudo desagradables. Ver Love puede llegar a ser un ejercicio de reconocer patrones pasados o presentes, pero algunas de las mejores series en este momento tienen eso.
¿Terminaste de ver Love y buscas algo similar? HBO tiene al menos dos series (que yo sepa) en esta onda: Girls, que da risa y dentera a partes iguales y Togetherness, una dramedia en la que todo el mundo es profundamente miserable. En Netflix están Master of None de Aziz Ansari, la cual cubre muchísimo espacio acerca de la complejidad de las relaciones interpersonales (no solo de pareja), que es un tema que Ansari ha cubierto hasta en libro; y, claro, mi serie preferida, Crazy Ex-Girlfriend, que combina números musicales deliciosos y comiquísimos con un estudio de la salud mental y de la autonegación como motor de relacionarse. Vamos, que quedan muchísimas relaciones disfuncionales por descubrir en televisión, ¡hurra! (?)

Cómo sobrevive la comedia romántica (a pesar de sí misma)

miércoles, 1 de febrero de 2017 - Publicado por BabeDeJour en 19:54
Mi género cinematográfico preferido es la comedia romántica. Lo digo sin un gramo de sorna, pero con todo el cuidado que requiere el cantar las alabanzas de un tipo de cine inherentemente tonto: a veinte años de la era dorada de las rom-coms protagonizadas por Sandra Bullock y Julia Roberts, cuando el género ha sido exprimido hasta que bota polvo en vez de jugo, no es cool disfrutar de este tipo de cine.
Cualquier feminista que se respete se engrincha cada vez que ve a la mujer de negocios férrea poner sus intereses y su carrera de lado por El Amor. O cuando al final vuelve con el mismo tipo basura que arruinó el mayor momento de su carrera. O cuando aparecen las Manic Pixie Dream Girls, estos seres etéreos y sin contradicciones que solo existen para alimentar las fantasías emocionales y sexuales del protagonista.
Pasa que la comedia romántica, desde que Clark Gable secuestró el viaje de Claudette Colbert en It Happened One Night, está firmemente afincada en todos estos roles de género que estamos en proceso, como sociedad, de desaparecer. Durante las primeras décadas de la comedia romántica, la cosa era incluso más terrible: eran mujeres tercamente independientes y librepensadoras que solo llegaron a cumplir su función de Dama después de que llegó ese Buen Hombre que la enserió/educó, al mejor estilo de La fierecilla domada de William Shakespeare.

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Hasta Katharine Hepburn, la mujer que dijo que solo usaría falda para el funeral de Barbara Walters, llegó a caer en esa narrativa en sus películas de Guerra de los Sexos con Spencer Tracy.
De unos años para acá, la historia del chico que conoce a la chica, en la que se odian un poco a la mitad pero finalmente resuelven todos sus problemas porque eso es lo que hace El Amor, dejó de funcionar. ¿Por qué? En parte porque es una historia que depende de muchas modalidades que han quedado obsoletos en la narrativa actual, pero también en buena medida porque después de casi un siglo de comedias románticas llegas a un punto de saturación de personajes genéricos como como la Mejor Amiga Hipersexualizada y el Galán Romántico y Casi Acosador.
Entonces ¿qué sucede cuando lo mismo se ha hecho mil veces hasta el punto de agotarse? Pues lo que siempre pasa en el cine: se vuelve a crear, separando sus elementos originarios. Con el detalle de que, esta vez, la reconstrucción no está pasando en la pantalla grande sino en la chica.
Ya he perdido la cuenta de cuántas veces he hablado maravillas de una serie diciendo que es una “deconstrucción de (equis) género.” No se preocupen, yo misma me estoy oyendo cuando digo esas vainas y estoy perfectamente consciente de lo profundamente pretenciosa que sueno, pero ¿cómo hago si algunas de las mejores series de comedia que he visto en los últimos meses son, de hecho, de (y re) construcciones de sus respectivos géneros? Acá van mis tres preferidas, todas creadas por mujeres y centradas en personajes femeninos.


The Mindy Project
Hasta hace muy poco, solo conocía a Mindy Kaling como parte del elenco de The Office, serie que tengo pendiente ver desde tiempos inmemoriales, y la voz de Desagrado (Disgust) en la versión original de Inside Out. Tras leer un poco, descubrí que resulta que Mindy, aparte de actuar, produce y escribe su propio programa, además de tener un par de libros en la bibliografía.
Léase, es una de estas Mujeres Maravilla que yo quiero ser de grande. De paso, cuando estaba buscando información para escribir esto, me encontré con un artículo maravilloso que escribió para el New Yorker, donde dice: “Veo la comedia romántica como un subgénero de la ciencia ficción en donde el mundo funciona de acuerdo a reglas distintas que mi mundo humano normal.”
Esa es de las mías, gente.


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En fin, el hecho es que me acerqué al Mindy Project sin saber mucho de qué iba, y me encantó lo que conseguí: es una comedia romántica desde el punto de vista de una mujer obsesionada con las comedias románticas. Mindy Lahiri, su alter ego en la serie, es una ginecóloga y obstetra cargada con conocimiento enciclopédico de películas de Meg Ryan, pero además es una mujer profesionalmente exitosa y con la cabeza enteramente fuera de la realidad, lo cual la lleva a pasar por una lista de tipos absurdos como un abogado deportivo con problemas de adicción.
Mindy está firmemente afincada en la comedia romántica, pero al mismo tiempo cada una de sus acciones está vista desde el punto de vista de lo absurdo de sus expectativas románticas. Ahora, lo más fascinante de la serie es también lo más rompedor: Mindy, finalmente, es capaz de escogerse a sí misma y a su propia carrera, más allá de su Historia de Amor. Y eso es una novedad en el género.
EXTRA. En Vanity Fair hicieron una mini guía de gifs side-by-side de escenas de Mindy Project con momentos icónicos de You’ve Got Mail, Sleepless in Seattle, When Harry Met Sally y An Affair to Remember. La temática no es lo único que une la serie con algunas de las mejores películas del género: las imágenes también.


Jane the Virgin

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Soy una mala latinoamericana: no me gustan las telenovelas. Vi una que otra de las de los subgéneros infantil y teenager que me tocaba por edad, pero en general la forma en la que se desenvuelven las tramas de las telenovelas, con sus hijos secretos y sus amnesias, me aburre mortalmente. Ese tipo de absurdos solo se los perdono a los dramones de época británicos como Downton Abbey o a las series de Shonda Rhimes, e incluso muchas a veces me cuesta tragarme los giros de Scandal y How to Get Away with Murder.
Así que cuando me enteré de que habían hecho una versión norteamericana de Juana la Virgen, la telenovela protagonizada por Daniela Alvarado, no estaba precisamente emocionada. En su momento le di una oportunidad a Ugly Betty y la serie terminó por aburrirme a pesar de contar con America Ferrera, Vanessa Williams y Rebecca Romijn. Igual, un día se me atravesó Jane en Netflix… y me di cuenta de que no podía parar de verla.
Protagonizada por Gina Rodríguez en una actuación que le valió el Globo de Oro como Mejor Actriz en Serie de Comedia, Jane es, al principio, la historia de una virgen a la que (por error) inseminan artificialmente. Tras este suceso, llega a su vida el guapísimo futuro padre de su hijo y su familia absurda, incluyendo a su malévola esposa checa, su padre multimillonario y su madrastra narcotraficante; todos personajes que terminan teniendo muchas más capas. La serie viene también aderezada por una sarta de personajes interesantes de parte de la familia de Jane, como la abuela venezolana de que habla exclusivamente en español, la madre que la tuvo adolescente y el padre recién reencontrado… que resulta ser el protagonista de la telenovela más famosa del momento.


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Mientras Mindy es una reversión del género de la comedia romántica, Jane, siendo de hecho una comedia romántica, es una reversión de la telenovela. A través del encantadoramente egocéntrico Rogelio de la Vega vemos desde adentro el mundo de la telenovela en Miami, desde sus tramas absurdas hasta una visión deliciosa del mundo de la farándula latina - con el agregado de que Jaime Camil, el actor que interpreta al personaje, fue parte de la familia Televisa gracias a telenovelas como La Fea Más Bella.
Jane, además de ser un estudio de la telenovela y hasta de la inmersión sociocultural latinoamericana en el género, es también una historia de inmigrantes y, sobre todo, una historia de mujeres. El corazón de la serie late, sin duda, por las tres generaciones Villanueva: Jane, Xiomara (Andrea Navedo) y Alba (Ivonne Coll), mujeres de personalidades fuertes que son llevadas por sus mayores miedos y alegrías, con todo lo difícil que implica ser una familia de mujeres latinoamericana.
EXTRAS. Diría que el narrador omnisciente de Jane, con voz de Anthony Méndez, es uno de los mejores personajes de la televisión actual. Rogelio, además, es el maestro de los hashtags, con joyas como #RogelioMyBrogelio.


Crazy Ex-Girlfriend
Sucede que Crazy Ex tiene una audiencia mínima incluso en Estados Unidos, por lo que es casi imposible toparse con la serie a menos que sigas los Globos de Oro, premio que la protagonista ganó el año pasado y al que la volvieron a nominar en la última entrega.
Meses después de ver su discurso, encontré una entrevista con Seth Meyers en la que Rachel Bloom, la protagonista, habla de su teoría de que quienes comentan en YouTube siempre son hombres masturbándose de forma iracunda, y su representación terminó convirtiéndose en un chiste interno con Rafa y luego también con Pao. De ahí, decidí ver el primer episodio de Crazy Ex-Girlfriend.
Pocas cosas me han impactado tanto en tan poco tiempo. Crazy Ex-Girlfriend se ha convertido en mi nueva biblia de comedia, en una serie que no solo es una reversión de la comedia romántica sino que también lo es con el género musical. La protagonista, Rebecca Bunch, es una abogada exitosa en Manhattan que, después de encontrarse con su ex de bachillerato, decide mudarse al otro lado del país para estar con él. Con un baggage cultural cargado de películas de princesas y musicales clásicos y un baggage emocional incluyendo serios problemas de ansiedad y depresión, está convencida de que la felicidad está detrás del amor de Josh Chan, meta por la que está dispuesta a hacer cualquier cantidad de piruetas absurdas.


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Los arquetipos de comedias románticas están todos presentes en Crazy Ex: la mejor amiga y cómplice, el jefe estrafalario, el protagonista de ensueño y su respectiva novia egocéntrica que no lo aprecia y, por supuesto, el tipo sarcástico que claramente sería mejor pareja. Pero pasa que la mejor amiga (Donna Lynne Champlin) es tridimensional y tiene sus propios problemas, el jefe (Pete Gardner) está lidiando con un divorcio doloroso y con la disyuntiva de definir su sexualidad, el galán (Vincent Rodriguez III) está perdido en el limbo vocacional post adolescente mientras su novia egocéntrica (Gabrielle Ruiz) está harta de esperar que defina su vida y su relación. Y, claro, el tipo rudo y sarcástico (Santino Fontana) está lidiando con graves problemas de abandono y buscando solucionarlos de las formas más autodestructivas posibles.
Los temas que trata Crazy Ex-Girlfriend son tan variados como extrañamente funcionales como comedia, y los mejores momentos a menudo vienen por su música: cada episodio tiene de una a tres canciones originales, muchas veces escritas por la misma Bloom, que además de cantar también produce la serie y es la co-creadora. Personalmente, algunas de mis canciones preferidas se pueden describir como: una declaración de bisexualidad ("Gettin' Bi"), una feliz oda a darle una infección urinaria a tu pareja ("I Gave You a UTI") y un desglose de la figura literaria del espíritu del más allá que aparece en los sueños de los protagonistas ("Dream Ghost").
Otros géneros musicales que explora la serie incluyen rock ochentero ("Textmergency"), música de princesa de Disney ("Maybe This Dream"), pop de girl power al mejor estilo de las Spice Girls ("Friendtopia") y, por supuesto, homenajes a musicales clásicos como Gentlemen Prefer Blondes ("The Math of Love Triangles"), Les Miserables ("Flooded with Justice"), los bailes famosos de Fred Astaire y Ginger Rogers ("Settle for Me") e incluso Singin’ in the Rain ("We Tapped That Ass").
Crazy Ex-Girlfriend trata, en su núcleo, dos temas principales: el engaño cultural acerca del amor como fin último y la dificultad de lidiar con problemas mentales como ansiedad y depresión. Pero lo hace con tal naturalidad y con una comedia tan nítida y precisa que jamás se te ocurriría que va de eso.
EXTRAS. La versión comentada de la banda sonora de la primera temporada de Crazy Ex-Girlfriend está disponible en Spotify, con explicaciones de background de cada una de las canciones por los compositores de la serie (léase: Rachel, Adam Schlesinger y Jack Dolgen) y la co-creadora Aline McKenna. Escuchar el proceso creativo le da un valor agregado impresionante a la serie, y creo que me terminé de enamorar perdidamente de Rachel Bloom cuando la oí hablar de la fetichización de la tristeza femenina (“Sexy French Depression”) al comparar a Marilyn Monroe con Lindsay Lohan.
Además, Rachel Bloom creó la canción que define perfectamente lo que siento por ella y lo talentosa que es, lo cual me hace amarla un poquito más:


Hace unos meses, el Washington Post declaró que la comedia romántica había muerto, y que menos mal que lo había hecho, aunque hizo una nota de página acerca de Mindy Project y Crazy Ex-Girlfriend. Difiero citando a Rebecca Bunch: la situación tiene muchos más matices que eso. Quizá el género como lo veníamos conociendo tenía que agotarse para que llegara esto que ahora estoy viendo en televisión.
Y ahí sí: menos mal.