Cosas que (me) ha arruinado el cine (III). La mantequilla.

viernes, 27 de septiembre de 2013 - Publicado por BabeDeJour en 0:59

No hay palabras (o, más bien, no disimuladas o con medio atisbo de clase) que puedan explicar el daño que Bernardo Bertolucci y Marlon Brando le hicieron a la mantequilla cuando salió L’ultimo Tango a Parigi. En todo caso comento que, aunque no lo parezca, a final de cuentas soy una niña de colegio de monjas y hay cosas de las que las niñas así no hablamos (que no significa que no hagamos, pero la clase, ya saben), así que mejor dejo por acá la escena por si no la han visto como para entender mejor qué tiene un cinéfilo malpensado en la cabeza la mitad de las veces que alguien menciona el producto lácteo en cuestión.

Cosas que (me) ha arruinado el cine (II). Cat fights.

jueves, 12 de septiembre de 2013 - Publicado por BabeDeJour en 16:21


Es una cuestión de estilo: Davis y Crawford jamás se echaron en un ring de lodo a pelear sus diferencias. Eran otros tiempos y el estilo de conflicto (especialmente entre mujeres) era más transversal y menos directo, pero eso es precisamente lo que hace esa rivalidad particular tan fascinante: pasarse décadas echándose puntas una a la otra, una de forma más directa que otra (Bette Davis se ensaña bastante y es una de las razones por las cuales es una de mis divas preferidas, como ya lo dije por acá hace bastante tiempo), expandiendo esa misma animosidad, cero rollos, tanto dentro como fuera de la pantalla (por lo cual es divino ver What Ever Happened to Baby Jane?, ese thriller-novelón tan deliciosamente cutre con las dos ya llevadas por los años de mala vida).
Otro ejemplo, ligeramente posterior aunque muchísimo más duradero (venga, que todavía continúa) es el de las de Havilland: Joan Fontaine y Olivia de Havilland, hermanas estrellas de cine de los cuarenta, ambas muy populares ganadoras del Oscar, y ambas reñidas desde hace mucho más de medio siglo. Se dice que nunca se llevaron muy bien y que la cosa empeoró cuando ambas fueron nominadas al Oscar por Mejor Actriz el mismo año y fue Joan quien se llevó al calvito brillante, momento en el cual sus relaciones se terminaron de ir por el caño. Cabe destacar que esto pasó en 1942; estamos en el 2013 y no sólo las dos siguen vivas y ya bordeando el siglo (Olivia nació en 1916 y Joan en 1917) sino que las hermanas incluso hoy no se soportan.
Llamémoslo dedicación, eso de tener una relación familiar conflictiva de casi un siglo… y eso es, precisamente, lo que ya no pasa. No es cuestión de que sea realmente admirable (aunque digo yo que algo de notable tendrá que dos personas sean así de tercas por tanto tiempo), pero el hecho es que, con esa clase y mística que rodeaba a las viejas divas del cine, ese tipo de situaciones es irrepetible: lo que nos quedan son los zarpazos de niña tonta de una Amanda Bynes llevada por las drogas, que no sabe escribir bien y cuyo insulto más pesado es decirle “fugly” a quien le caiga mal ese día.
Desafortunadamente, ese tipo de clase (incluso para situaciones tan base como el odio) es una de esas cosas que el viento se llevó de esos grandes estudios de Burbank, California. En esta nota, dejo mi cita preferida de Joan Fontaine acerca de su hermana: “Me casé primero, gané el Oscar antes que Olivia y, si muero antes, ¡seguro quedará lívida porque lo hice antes que ella!” *

*Joan sí murió antes. Olivia, en marzo del 2017, sigue viva y tiene 100 años de edad.

Cosas que (me) ha arruinado el cine (I). Zombies.

miércoles, 28 de agosto de 2013 - Publicado por BabeDeJour en 0:14


Por un lado, pasa que uno es bien exagerado (más el venezolano, y sopotocientas veces más el maracucho) y se le va la lengua terriblemente a menudo para hacer declaraciones de principios (fundamentadas o no) acerca de cualquier número de tonterías. Pero por otro, igual hay escenas, personajes, interpretaciones, cuyo impacto dura años y hasta generaciones – y así, de alguna forma, arruinan para siempre aquello que representaron en un principio.
El ejemplo más obvio (y por eso el primero) son los zombies post George A. Romero. Para bien o para mal, el hombre arruinó (digamos, revolucionó) un género para siempre. Pero resulta que, en un medio de difusión tan masivo como el cine, a veces el género fílmico no es lo único que (cambia, revoluciona, arruina) el cine. Por lo mismo y porque estoy de vacaciones y las dedico a tontear en el blog si quiero, dedicaré un par de posts a algunos de esos hitos fílmicos que, por alguna razón u otra (feliz o terriblemente) me arruinaron alguna faceta de la vida, o del mismo cine.
Empecemos, ya que estamos, con Romero y sus zombies.
Hay que empezar diciendo que el género zombie fue, antes de Night of the Living Dead, parte de la mitología caribeña: se trataban de criaturas terribles que estaban en contacto directo con la energía de la muerte y habían sido levantadas de ese último sueño para cumplir labores de esclavo para algún patrón vudú con evidente poco aprecio por todo el rollo de los derechos laborales.
El zombie clásico viene de Haití y carga en sí mismo toda la leyenda tétrica de esa media isla olvidada por los dioses desde hace muchos años; este zombie se parece, más que a los monstruos sesófagos de nuestras pesadillas, al esclavo Carrefour del I Walked with a Zombie de Jacques Tourneur: un post-humano escalofriante y lento, sí, pero también un portal entre vivos y muertos. La pesadilla del zombie haitiano funciona por razones distintas: aterroriza a través de una esclavitud tan profunda que ni siquiera en la muerte puedes liberarte, casi como si los mismos poderes de la isla te mantuvieran en movimiento para ella.
Después de Romero, con su aire tóxico que hace que los muertos caminen para hacerse un banquete con la carne de los vivos (y traerlos a su ejército de no-muertos), la cosa cambió por completo: el género no recuperaría jamás la idea del zombie tropical con sus guiños de magia negra, y se convertiría para siempre en esa representación lenta y pútrida de la sociedad que todos conocemos (hoy en día con variaciones diversísimas como de zombie lento a zombie rápido, por virus o por mutación genética).
No es realmente un mal cambio (mira que hay todo un género de zombies realmente genial, especialmente en el boom de la última década), pero es absolutamente revolucionario y malas noticias para la mitad de una isla: a Haití lo despojaron en 1968, quién diría, de su mayor atracción turística.